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Actualidad científica

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  • Mente y Cerebro
  • Julio/Agosto 2007Nº 25

Sentidos

Integración sensorial

El ser humano dispone de cinco sentidos. Para percibir el entorno de forma integral, deben cooperar e incluso, a veces, fundirse entre sí.

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A nuestra izquierda truena una canción de moda. "¡Entren, entren!", resuena a la derecha. A nuestra espalda, un grupo de adolescentes ríe con estrépito. Y, en algún sitio, llora un niño. Simultáneamente, luces de colores brillan y centellean por doquier, mientras intentamos seguir con los ojos los sinuosos movimientos de la montaña rusa. El desorden de las atracciones de feria inunda nuestros sentidos con un sinfín de estímulos. Y la diversión sería menor sin los empujones de la gente que nos rodea, sin el helado que sujetamos en la mano o sin el olor de las nubes de azúcar y las manzanas de caramelo en nuestra nariz.

Este retazo de tarde de feria pone de manifiesto la ingente cantidad de señales que recibimos simultáneamente del entorno. La compleja impresión general característica de situaciones así se forma a partir de la interacción entre los diversos estímulos recibidos. En estas circunstancias, nuestro cerebro se somete a una tensión máxima. Es lógico, pues, que dicho fenómeno y otros similares capten la atención de la investigación neurocientífica.

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