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  • Noviembre/Diciembre 2016Nº 81
Syllabus

Neurología

Cefalea en racimos

Este tipo de dolor de cabeza aparece en determinados días y épocas del año. Podría deberse a un desequilibrio en la red neuronal.

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«¡No, otra vez no!», murmura Franziska en duermevela. De nuevo, su marido deambula, intranquilo y apesadumbrado, por el dormi­torio. Con esta ya van dos veces en una noche. Desde hace más de 16 años, Bernd se enfrenta a un insoportable dolor de cabeza y cara. Aproximadamente una vez al año sufre los ataques; suele ser en otoño, aunque en ocasiones también le ocurre en primavera. Estos episodios de dolor repetitivos desaparecieron durante un tiempo, por lo que la pareja guardaba la esperanza de que no volverían. Sin embargo, habían reaparecido.

Una semana después, acudieron a nuestra consulta en el Centro de Cefaleas del Hospital Universitario de Essen con el fin de solucionar definitivamente el problema. «Los dolores suelen durar entre hora y hora y media», nos informó Bernd. «Los sufro cada noche; en ocasiones hasta cuatro episodios en una misma noche.» En los períodos de ataques de dolor, que pueden prolongarse de seis a ocho semanas, el paciente no sirve prácticamente para nada.

La cefalea en racimos se caracteriza por dolores de cabeza intensos, repetitivos y en forma de brotes. Las fases de dolor fuerte, que pueden ser de semanas o meses, alternan con períodos de remisión. Cuando los períodos libres de ataques no duran más de un mes, se habla de curso crónico de la enfermedad. A Bernd, los dolores le afectaban solo al lado izquierdo de la cara, por detrás del ojo, y le invadía una sensación de pinchazo o quemadura. «Es como si alguien me clavase un cuchillo ardiente en el ojo», narraba. Durante el ataque, el ojo se le enrojecía y lagrimeaba; su nariz goteaba sin cesar.

Se sabe que los episodios dolorosos se presentan sobre todo en primavera y en otoño. La mayoría de las veces, aparecen después de conciliar el sueño y en las primeras horas de la mañana. Casi todos los pacientes refieren el dolor de cabeza y cara en un solo lado, sobre todo detrás del ojo.

Como la migraña y las cefaleas por tensión, esta dolencia se engloba en los llamados dolores de cabeza primarios. En estos casos, el dolor no forma parte de los síntomas de una enfermedad, sino que se considera un trastorno con características propias. Asimismo, la cefalea en racimos se cuenta entre los dolores de cabeza y cara «autónomos del trigémino». Por una parte, aparece en el área inervada por el nervio trigémino, responsable de la sensibilidad facial. Por otra, el sistema nervioso autónomo (o vegetativo), sobre el cual no puede influir la voluntad, interviene en los síntomas de la enfermedad: el ojo del lado afectado lagrimea, el párpado cae y la pupila disminuye de tamaño. A ello se suman una secreción nasal constante y sudoración, fuerte y marcadamente unilateral, en la frente y el resto de la cara. También pueden presentarse síntomas semejantes a los de la migraña, como la aversión al ruido y a la luz, junto con un malestar general. Es común que el paciente deambule intranquilo por las noches con el objetivo de aliviar su inmenso dolor.

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