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La mente no descansa

El cerebro no reposa nunca. Cuando nuestra mente divaga, somos capaces de generar ideas sorprendentes.

ISTOCK / HJALMEIDA

En síntesis

Alrededor del 50 por ciento del tiempo que estamos despiertos nos sumimos en una suerte de estado de reposo mental en el que, en realidad, los pensamientos vuelan por doquier.

Cuando no estamos concentrados ni tenemos puesta nuestra atención en ningún asunto concreto, el cerebro activa una red de áreas: la red neuronal por defecto.

La divagación mental favorece la producción de ideas creativas. También nos permite imaginar y viajar con la mente. Pero trazar la frontera entre soñar despierto y cavilar resulta difícil.

Hagamos un experimento sencillo. Cierre los ojos por unos momentos e intente no pensar en nada. Inténtelo. ¿Lo ha conseguido? Seguramente su respuesta será negativa. Aunque no tiene de qué preocuparse: no pensar absolutamente en nada resulta más complicado de lo que parece. Nuestra propia naturaleza nos lleva a fracasar en la misión, pues a los humanos nos ronda, de manera constante, un asunto por la cabeza, incluso cuando no somos conscientes de ello. Nuestro cerebro no descansa nunca, ni siquiera cuando dormimos. De hecho, desconoce la función «pausa»: o produce asociaciones o está muerto. No existe opción intermedia.

El trabajo de los neurocientíficos se ve dificultado por esta realidad, puesto que no disponen de una línea cero, de un estado de reposo cerebral que les sirva de referencia para medir las desviaciones o diferencias de la actividad mental. Con todo, utilizan alternativas. Los investigadores presentan estímulos a sus probandos mientras se encuentran bajo el escáner cerebral para determinar el gasto neuronal «adicional» que requieren para percibir, pensar o decidir. Por lo común, la contemplación distendida de una cruz de fijación que aparece en la pantalla entre prueba y prueba sirve de control. Al final del experimento, la actividad neuronal que se ha registrado durante esos momentos de pausa se resta de la que mostraba el cerebro de los sujetos durante los ejercicios de estimulación mental. ¿Y qué hace un probando cuando no tiene ninguna tarea cognitiva que cumplir? Lógicamente, da rienda suelta a sus pensamientos («¿Durante cuánto tiempo tengo que contemplar esa estúpida cruz?»; «Aquí huele raro»; «¡Ah, no se me debe olvidar comprar pan en el camino de vuelta a casa!»).

Con el fin de captar esa tormenta de ideas y recuerdos, los experimentadores registran numerosos datos cuantitativos mientras el voluntario ejecuta los diversos bloques de ejercicio que se le han propuesto; y también entre una y otra prueba. Si el procedimiento se repite con la frecuencia suficiente, resulta posible descubrir el «ruido de fondo» que reina en el cerebro del sujeto.

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