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1 de Marzo de 2018
Neurociencia

El cerebro del bebé revela cómo se ­forma la mente

¿Es el cerebro de los neonatos una tabla rasa o viene ya preparado para entender el mundo? La tomografía por resonancia magnética revela que los niños disponen de una organización ­neurológica similar a la de los adultos.

Rebecca Saxe, investigadora del Instituto de Tecnología de Massachusetts, acaricia a su bebé mientras se registra la actividad cerebral de ambos mediante resonancia magnética nuclear. [REBECCA SAXE, ATSUSHI TAKAHASHI Y BEN DEEN, DPTO. DE CEREBRO Y CIENCIAS COGNITIVAS E INSTITUTO MCGOVERN, MIT/CENTRO DE LA IMAGEN ATHINOULA A. MARTINOS DEL INSTITUTO MCGOVERN, MIT]

En síntesis

El estudio del desarrollo cerebral en bebés mediante neuroimágenes se ha centrado en los momentos de sueño de estos probandos. El más mínimo movimiento del lactante inutiliza el registro obtenido por el dispositivo.

Neurocientíficos del Instituto de Tecnología de Massachusetts han conseguido, con ayuda de los padres, escanear el cerebro de bebés despiertos.

Según los primeros resultados, el cerebro de los lactantes no es una tabla rasa, sino que se encuentra organizado de forma similar al de los adultos.

Arthur, primer hijo de Rebecca Saxe, tenía un mes de vida cuando lo colocaron por primera vez en el aparato de resonancia magnética funcional (RMf) para escanear su cerebro. Saxe, investigadora cognitiva del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), no se separó de su bebé ni un instante: incómodamente acostada boca abajo, la cara le quedaba muy cerca de los pañales del niño, al que acariciaba y consolaba cuando el imán de tres teslas de potencia empezó a girar en torno a ellos. Arthur no tardó en dormirse.

Todos los padres se preguntan alguna vez qué estará pasando por la mente de su hijo, pero pocos disponen de los medios para averiguarlo. Varios años antes de que Saxe se quedara embarazada, trabajó, junto con otros científicos, en el diseño de un dispositivo que permitiera obtener imágenes de la actividad cerebral en lactantes. Con el nacimiento de Arthur en septiembre de 2013 llegó el momento de ponerlo en práctica.

Desde hace un par de décadas, investigadores como Saxe utilizan neuroimágenes obtenidas por RMf para estudiar la actividad cerebral en adultos y niños. Pero, como ocurrió en el siglo XIX con el daguerrotipo, en la RMf se requiere que los sujetos permanezcan totalmente inmóviles para evitar que la imagen aparezca irreversiblemente borrosa. Mas los bebés cuando no duermen son inquietos, se mueven a cada instante y no se les puede seducir o sobornar para que se mantengan quietos. Por esta razón, los escasos estudios con RMf que se han llevado a cabo en lactantes hasta ahora se han centrado en exponerlos a sonidos mientras dormían.

El objetivo de Saxe iba más allá: quería entender cómo ven el mundo los niños cuando están despiertos. Para ello se propuso tomar neuroimágenes del cerebro de Arthur mientras veía grabaciones de vídeo. ¿Trabaja el cerebro de los lactantes como una versión en miniatura del de los adultos o lo hace de forma completamente diferente? «Me planteaba la cuestión fundamental de cómo se desarrolla el cerebro, y tenía un bebé con un cerebro desarrollándose. En ese momento, dos de las cosas más importantes para mi vida convergían con toda su fuerza en un aparato de resonancia magnética», explica.

La investigadora pasó su permiso de maternidad con Arthur y la máquina de RMf. «Algunos de esos días, el niño no tenía ganas; otros se dormía, estaba llorón o ensuciaba los pañales», recuerda. «Obtener imágenes óptimas del cerebro de un bebé es un golpe de suerte inusual», añade. Entre una sesión y otra, junto con los demás investigadores, estudiaba minuciosamente los resultados, refinaba los experimentos e indagaba un patrón en la actividad cerebral de Arthur. Cuando consiguieron el primer resultado aprovechable, por entonces el niño ya tenía cuatro meses, la alegría fue enorme: «Estaba en las nubes».

 

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Este artículo apareció originalmente en QuantaMagazine.org, una publicación independiente promovida por la Fundación Simons para potenciar la comprensión pública de la ciencia.

 

Los más de dos años de trabajo para registrar la actividad cerebral de Arthur y de otros ocho bebés culminaron en la publicación de un artículo en Nature Communitacions. Según sus autores, habían descubierto algunas similitudes sorprendentes entre el cerebro de los bebés y el de los adultos en relación con la respuesta a los estímulos visuales. También hallaron algunas curiosas diferencias. El estudio representaba un primer paso en las esperanzas que tenía Saxe de desentrañar los inicios más precoces de la mente.

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