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Memoria acompasada

Los recuerdos y los olvidos dependen, en parte, de la sincronía de las neuronas.

© Fotolia / yuri4u80

Uno de los descubrimientos más señalados de la neurociencia cognitiva ha sido la implicación del hipocampo, una estructura yacente en lo más profundo del cerebro, en la formación de recuerdos. Un paciente muy especial, Henry Molaison, quien sufría ataques epilépticos de gran intensidad, posibilitó el hallazgo. En 1953, cuando Molaison contaba 27 años, se le practicó la resección quirúrgica de su hipocampo y de áreas contiguas de ambos hemisferios cerebrales. La operación permitió controlar su epilepsia, sin embargo, a un precio elevado: a partir de ese momento Molaison quedó incapacitado para recordar lo que le sucedía. Podía adquirir nuevas destrezas, como la escritura especular, mas la posesión de tal habilidad le dejaba perplejo, pues no recordaba haberla adquirido.

H. M., iniciales con las se le conoció en vida con el fin de proteger su intimidad, proporcionó tres conocimientos. El primero, que ciertas estructuras cerebrales (el hipocampo y la amígdala, centro cerebral que gobierna las emociones) se especializan en la recordación; el segundo, que existen diferentes clases de memoria, tan distintas como la capacidad de rememorar datos, la evocación de experiencias personales, o la conservación de habilidades físicas (montar en bicicleta, por ejemplo); y el tercero, que la memoria difiere de las capacidades intelectuales o perceptivas del cerebro.

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