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1 de Noviembre de 2012
Psicología del desarrollo

¡Mío!

A los tres años, los niños ya defienden con ímpetu sus juguetes. ¿Es la sensación de posesión un sentimiento innato? ¿Por qué aparece un vínculo emocional hacia ciertos objetos?

© DREAMSTIME / KIRILL MEDVEDEV

En síntesis

El concepto de posesión se desarrolla a temprana edad. Los niños limitan la propiedad a sus propias pertenencias.

Las personas valoran más un objeto cuando les pertenece. El efecto de dotación aparece ya a los seis años.

A lo largo de la vida, los objetos sirven para expresar la propia identidad, sobre todo en las culturas occidentales.

Hanna observa emocionada la mariposa de plastilina que acaba de moldear. «¿De quién es la plastilina que has usado?», le pregunta Patricia. «Tuya», responde Hanna. «¿Y de quién es esa mariposa?». «Mía», contesta esta vez.

Hanna es una niña de tres años a la que hemos invitado a nuestro laboratorio en Bristol. Patricia Kanngiesser, una investigadora del mismo centro; con ella investigamos cómo se forma el sentimiento de propiedad en los niños. Para ello ideamos escenas estructuradas en las que los probandos se prestan, intercambian y venden objetos. Se trata de experimentos de economía del comportamiento, área de investigación centrada en analizar los procesos cognitivos que impulsan a las personas a tomar decisiones sobre la propiedad y las transacciones. En definitiva, nos interesamos por uno de los más controvertidos temas de la humanidad: la conducta en torno a la propiedad.

El concepto de posesión se desarrolla a temprana edad y a lo largo de la vida usamos los objetos para expresar nuestra propia identidad. El simple hecho de que hayamos escogido un elemento le confiere mayor valor en nuestra mente que otro idéntico pero que no hemos seleccionado. Ese sentimiento parece sustentarse, en parte, en mecanismos cerebrales que evalúan las potenciales ganancias y pérdidas según el significado emocional que nos representan. En las culturas occidentales, los humanos tratan a los objetos como extensiones de sí mismos, lo cual explica por qué algunas personas reaccionan de forma exagerada ante la pérdida o el daño a las pertenencias personales.

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