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1 de Julio de 2008
Fisonomía

Reconocimiento facial

Muchos investigadores ven en la capacidad del reconocimiento de rostros una proeza del cerebro. Para otros es sólo cuestión de ejercicio.
Estamos en la estación central de Hamburgo y son las cinco de la tarde. En plena hora punta se presenta de repente frente a mí Robert, mi compañero de selectividad de hace años. Las arrugas de su risa resaltadas, su lunar frontal... bastan unos pocos detalles para identificar el rostro conocido en medio de la masa.
Para algunas personas, sin embargo, representa un problema difícil lo que a nosotros nos resulta natural. En 1947 Joachim Bodamer (1910­-1985) describió ya un fenómeno sorprendente en tres pacientes con lesiones de guerra en el cerebro. Aunque podían identificar objetos sin esfuerzo alguno, no lo conseguían cuando se trataba de rostros. Bodamer acuñó para esta afección el término de prosopagnosia (del griego "prosopon" = rostro, "agnosia" = desconocimiento). Andando el tiempo se descubrieron formas congénitas de esa patología, que afecta a un dos por ciento de la población.

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