Más allá de la teoría neuronal

Nuevos experimentos están saldando un debate, que perdura más de un siglo, entre dos modelos de comunicación interneuronal. Y lo están haciendo de una forma sorprendente: ambos modelos son correctos.
Tajé el corazón en dos, con un cuchillo de cocina. Todo quedó expuesto: las cuatro cámaras separadas por válvulas húmedas y cartilaginosas que succionaban sangre de las aurículas y la impulsaban dentro de los ventrículos. Acababa de cumplir yo once años y me sentí fascinado. Pregunté a mi madre si la próxima vez podía traerme un cerebro. Cuando volvió de la carnicería con un cerebro de ternera, hendí inmediatamente, radiante de alegría, aquel melón en dos. Pero no vi en su interior nada digno de mención. Sólo una cavidad vacía en el centro de una papilla carnosa.
¿Cómo funcionaba aquello? Los libros daban nombres de protuberancias y pliegues pero no aportaban ninguna explicación esclarecedora de su forma de operar. Ni mis padres ni mis profesores parecían conocer tampoco la respuesta.

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