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Con más colores

La terapia génica en monos dicrómatas aporta información sobre cómo funciona el sistema visual humano y da pistas para el tratamiento de la visión cromática deficiente.

cortesía del laboratorio neitz

La visión del color constituye un proceso complejo, como bien recordará el lector de su época colegial. El proceso comienza en un delicado revestimiento del interior del ojo, en una estructura llamada retina. El tejido retiniano integra en sí unas células sensibles a la luz, que absorben ondas electromagnéticas del espectro visible y las convierten en señales eléctricas. El cerebro interpreta esa información y la traduce en la riada de imágenes y colores que experimentamos de forma consciente. Los conos, uno de los tipos de células retinianas, se presentan en tres variedades. Los de tipo C poseen máxima sensibilidad a las longitudes de onda más cortas (luz azulada); los de tipo M responden mejor a longitudes de onda medias (tonos amarillos y verdes), y los de tipo L, a las de longitudes largas (determinan los matices rojizos). Las personas con una visión normal de los colores (tricrómatas) poseen estos tres tipos de células cónicas fotosensibles.

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