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1 de Noviembre de 2013
Percepción

Miedo a las sombras

Las ilusiones espeluznantes con motivo de la festividad de Halloween proponen el «truco o trato» a nuestro cerebro.

CORTESÍA DE RANDOM HOUSE

Halloween, víspera de Todos los Santos, es pura ilusión. Si durante el resto del año los momentos de misterio parecen aparcados, al llegar el 31 de octubre, ciudadanos de diversos lugares del mundo, en especial de los países anglosajones, se aprestan a disfrutar de magias y fingimientos. Disfraces que provocan miedo, calabazas con expresiones malévolas, casas, bares o locales supuestamente embrujados. Las personas se tornan a un tiempo en creadoras de ilusiones y en víctimas dispuestas a serlo. Buscan miedos de oropel.

Pero los disfraces y las máscaras no constituyen los engaños por excelencia en la Noche de las Brujas, pues las emociones, sean de temor o de gozo, existen solo en nuestra mente. Desde un punto de vista neural, todos sentimos miedo o temores irracionales desvinculados de lo real (en el caso de los autores, confesamos nuestro temor a los bichos y los espacios estrechos). Halloween, con sus falsos espeluznos y sustos inocuos, nos empuja hasta los límites de la realidad que nuestro cerebro construye. Como expuso en 2009 Michael Jordan durante su discurso de ingreso en el Salón de la Fama de Baloncesto: «Los límites, lo mismo que los miedos, muchas veces no son más que ilusiones».

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