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1 de Noviembre de 2013
Psicología social

Sed de venganza

Cuando una persona se comporta de forma injusta, nace en el resto de los individuos el deseo de hacérselo pagar. Cada vez se conocen mejor las regiones cerebrales involucradas en este fenómeno. Los experimentos demuestran que, sin venganza, una convivencia social duradera sería imposible.

DPA / PETER FOLEY

En síntesis

Los investigadores estudian qué regiones cerebrales se activan cuando nos vengamos de alguien.

Las neuroimágenes muestran un aumento de la actividad en regiones que procesan el dolor, en zonas del sistema de recompensa y en áreas que participan en la toma de decisiones complejas.

Los impulsos de venganza resultan importantes para el funcionamiento de las comunidades sociales: ayudan a mantener una atmósfera en la que todos sus integrantes se benefician de una cooperación justa.

Explotan petardos, ondean banderas y resuenan coros de muchedumbre en la noche. El 2 de mayo de 2011 un gran número de estadounidenses salieron a la calle para vitorear la muerte de un hombre. Una unidad especial de las fuerzas armadas de Estados Unidos había matado en Pakistán al líder terrorista Osama bin Laden. Frente a la Casa Blanca, los manifestantes celebraban que al fin se habían rendido cuentas con el fundador y dirigente de Al Qaeda, sobre todo por los atentados del 11 de septiembre de 2001, suceso del que se le acusa como responsable. Mediante un asesinato ordenado por el Estado, EE.UU. se vengó de él.

El concepto de revancha, según el principio arcaico de «ojo por ojo, diente por diente», aparece tanto en la Biblia como en el Corán. También la venganza de sangre se ha practicado desde tiempos inmemorables en tribus de todo el mundo. Del mismo modo, en nuestro día a día se cuela con rapidez una brizna de alegría cuando vemos sufrir a alguien que nos ha lastimado o traicionado.

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