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1 de Septiembre de 2018
Terapia

El poder curativo de la esperanza

Los efectos de los medicamentos ficticios no son producto de la imaginación: se pueden comprobar de forma objetiva a través de la actividad cerebral. También pueden modificarse.

GETTY IMAGES / STEVE CRAFT

En síntesis

Numerosos estudios confirman que los medicamentos placebo y algunos elementos propios de un tratamiento médico, como los comentarios del terapeuta o el uso una bata blanca, favorecen la curación del paciente.

En la actualidad, los investigadores conocen una serie de mecanismos de acción neuronales relacionados con el placebo: ciertos neurotransmisores y determinadas redes cerebrales mitigan los síntomas de una enfermedad.

Para aprovechar el efecto ­placebo se recomienda seguir ­varias vías de actuación y no apostar solo por un tratamiento ­basado en la teoría médica. Una atención afectuosa también ayuda a curar.

En las últimas semanas de la Segunda Guerra Mundial, Henry Beecher se quedó sin morfina. Este cirujano, de servicio en el Ejército estadounidense, estaba atendiendo a un soldado gravemente herido. Beecher temía que la operación sin analgesia provocase un colapso circulatorio. Sin vacilar un momento, la enfermera preparó una inyección y se la administró al paciente. Pero, en lugar de morfina, solo contenía una solución salina. Lo que sucedió a continuación sorprendió a Beecher. El soldado se tranquilizó igual que si le hubieran inyectado morfina. Beecher lo operó y le cosió la herida. Durante la sutura, y de manera increíble, el paciente apenas pareció sentir dolor. Cuando la guerra terminó, Beecher estudió el fenómeno con más atención. Se convirtió en uno de los pioneros en la investigación del placebo.

En la actualidad, se sabe que la mera expectativa de recibir un tratamiento tiene, de ordinario, un efecto terapéutico. Por ejemplo, para comprobar si un medicamento funciona como debe en los pacientes, se comparan los resultados con los de un preparado sin actividad farmacológica, en vez de usar probandos que no han recibido tratamiento alguno. «Una parte nada desdeñable de la eficacia de la terapia farmacológica se debe al efecto placebo», afirma el psicólogo Winfried Rief, de la Universidad Philipps de Marburgo. «En estudios clínicos, los grupos que reciben placebo dan muestras de una eficacia parcial que supone entre el 50 y el 60 por ciento de la que experimentan quienes reciben una terapia real.» No obstante, el efecto placebo varía, en gran medida, en función del tipo de enfermedad y del tratamiento. A menudo, los detalles marcan la diferencia: las pastillas rojas son más efectivas que las azules; cuatro píldoras resultan más eficaces que dos, y un placebo caro surte más efecto que uno barato.

El efecto placebo, sin embargo, sigue teniendo mala fama. Se considera sinónimo de falta de eficacia («el medicamento X no posee más efecto que el de un placebo»), a pesar de que este hecho ya indica un efecto notable. De acuerdo con numerosos médicos, el éxito de pseudo­tratamientos insostenibles desde un punto de vista científico, como la homeopatía, probablemente tampoco podría explicarse de otra forma.

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