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  • Julio/Agosto 2018Nº 91
Ilusiones

Ilusiones

En busca de la ilusión más antigua del mundo

El interés por las ilusiones podría ser tan antiguo como la propia humanidad.

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En el templo Airavatesvara, en India, existe una exquisita pieza en bajorrelieve, esculpida hace al menos 850 años y muy bien conservada, que ha captado la atención de historiadores y científicos de la visión (véase imagen). Lo que confiere a esta pieza su distinción no es el tema que presenta ni la delicadeza de sus detalles, sino el hecho de que constituye uno de los más antiguos ejemplos de ilusiones en el arte. La criatura que muestra puede percibirse como un elefante o un toro: un vetusto rompecabezas, semejante a las clásicas figuras de interpretación ambigua, tales como el pato o conejo y la joven o anciana.

La ciudad de Mahabalipuram, también en India, alberga otra ilusión aún más antigua, esculpida en una columna hace unos 1300 años. A primera vista se nos antoja una vaca y su ternero, pero al cubrir el centro de la figura, se convierte en la representación de un elefante adulto y una cría.

Las ilusiones artísticas antiguas ofrecen vívidos ejemplos no solo de la creatividad y destreza de quienes las crearon, sino de su aptitud para el pensamiento flexible, como la capacidad de alternar la perspectiva entre puntos de vista diferentes. De estas obras se desprende que la fascinación por las ilusiones podría ser tan antigua como la humanidad misma.

«Trucos» prehistóricos

A través de la historia, los artistas han utilizado su ingenio para que los espectadores aprecien el volumen de las formas en un fresco plano, o que unas meras pinceladas sobre un lienzo se transformen en un cuenco de fruta fresca. Esta astucia es tan antigua como la imaginación humana. Existen pruebas de que los artistas paleolíticos que decoraron las paredes y el techo de la cueva de Altamira con bisontes y caballos, hace unos 20.000 años, ya se valían de las prominencias naturales de la roca para crear la ilusión de volumen y profundidad en sus representaciones.

Tales trucos son todavía más evidentes en las pinturas rupestres estudiadas por el prehistoriador Duncan Caldwell en la cueva de Font-de-Gaume y otros yacimientos franceses. En un artículo presentado en una conferencia internacional de pinturas sobre roca en 2010, Caldwell mostró numerosos ejemplos de dibujos y grabados rupestres que podrían interpretarse como un mamut la­nudo o como un bisonte. Caldwell conjeturó que la semejanza entre estas dos formas animales las hacía candidatas ideales para que los artistas prehistóricos plasmaran sus respectivas imágenes en una misma representación. Esta duplicidad puede apreciarse en el esbozo que el investigador de arte rupestre Henri Breuil copió de las paredes de Font-de-Gaume.

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