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  • Julio/Agosto 2018Nº 91
Syllabus

Psicología

Psicología de la ­salud

Cuando estamos estresados o deprimidos, corremos más riesgo de enfermar. Los psicólogos de la salud investigan cómo integrar en nuestra rutina el pensamiento positivo.

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Entre 1986 y 1989, Sheldon Cohen, quien por entonces ejercía como psicólogo social en la Universidad Carnegie Mellon en Pittsburg, administró a 276 personas sanas gotas nasales que contenían virus del resfriado. A lo largo de seis días, mantuvo a los sujetos en cuarentena para tenerlos en observación. Estos probandos se habían apuntado como voluntarios en el Centro de Investigación de Enfermedades Catarrales británico para ponerse al servicio de la ciencia y dejar que les infectaran con la gripe. La contrapartida era una «estancia vacacional» gratuita en el campo por unos días: el instituto se encontraba en Salisbury, una idílica ciudad al suroeste de Inglaterra.

Cohen quería averiguar si el estrés psicológico debilitaba las defensas inmunitarias. Como primer paso del estudio, pidió a los participantes que respondieran un cuestionario acerca de experiencias críticas que hubiesen vivido durante los doce últimos meses o que indicaran si se sentían desbordados por la vida que llevaban. El resultado fue revelador: las personas que se encontraban en un estado de estrés continuo presentaban un mayor riesgo de sufrir infecciones.

La certeza de que el cuerpo y la mente van de la mano es tan antigua como la propia medicina. Sin embargo, nadie hasta entonces había proporcionado una prueba experimental sobre la influencia del estrés en el sistema inmunitario tan sólida como la de Cohen. Por ese motivo, su experimento marca un antes y un después en la psicología de la salud. Esta disciplina se cuestiona de qué manera la condición psicológica, el comportamiento y los factores sociales influyen sobre las enfermedades humanas y qué medidas de prevención pueden derivarse de este escenario.

En los siguientes 25 años, Cohen continuó con la investigación en Estados Unidos. Una y otra vez constató sus primeros hallazgos: las personas que habían vivido estrés psicológico crónico al menos durante un mes se contagiaban el doble de veces con virus catarrales en comparación con los congéneres que no vivían estresados, sin importar el tipo de virus, los anticuerpos disponibles o la estación del año que fuera. Cuanto más se prolongaba el sufrimiento psíquico, más aumentaba el riesgo. Una pequeña parte de los casos podría explicarse a partir de la conducta, ya que las personas con un estado psicológico tenso suelen fumar más, se mantienen menos activas físicamente y duermen peor, todos ellos factores de riesgo para el resfriado. No obstante, la investigación de Cohen sugería que el estrés crónico debía actuar de alguna otra manera.

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