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Neuromagia: entre la ilusión y la ciencia

Los magos deslumbran a su público aprovechando las limitaciones de los circuitos neurales responsables de percibir el mundo y fijar la atención de los espectadores.

AARON GOODMAN

En síntesis

La red cerebral responsable de los procesos de atención y consciencia en los humanos se presta a la manipulación.

Cuando fijamos la atención, el cerebro suprime de forma automática cuanto sucede alrededor. Los magos han ideado numerosas técnicas que aprovechan esta «visión de túnel».

Existen diversos procesos atencionales. Los magos explotan a través de fenómenos externos tanto la atención descendente (voluntaria) del sujeto como la ascendente (involuntaria).

Apollo Robbins, maestro carterista y una celebridad en el mundo de la magia, barre con las manos el cuerpo del espectador que ha elegido de entre el resto del público asistente. «Lo que estoy haciendo es “abanicarle” —informa a su víctima— para comprobar lo que lleva en los bolsillos.» Las manos de Apollo recorren las ropas del hombre en un leve aleteo de roces y toques. Más de 200 científicos le observan, atentos como halcones, tratando de atisbar unos dedos colándose en los bolsillos del espontáneo. Pero, a todas luces, el movimiento no pasa de ser un mero y ligero cacheo, inocente y respetuoso. «Bueno, ya sé mucho sobre usted», continúa el mago. «Hay que ver la de cosas que ustedes, los científicos, llevan encima.»

Apollo exhibía en 2007 sus artes de escamoteo en una sala repleta de neurocientíficos que se acercaron hasta Las Vegas para asistir al simposio «La magia de la consciencia». Pese a que ilusionistas y neurocientíficos compartimos la pasión por conocer con detalle los entresijos de la mente humana, durante generaciones hemos trabajado nuestro respectivo arte y nuestras teorías con casi total independencia unos de otros. Si todo iba según lo previsto, esa velada de hace casi siete años propiciaría que ambos colectivos de profesionales se prestasen atención mutuamente.

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