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1 de Marzo de 1997
óptica

Aplicaciones biológicas del microscopio de fuerzas

Como quien se mueve a ciegas, y se sirve del tacto para reconocer las formas de los objetos, este instrumento emplea una punta afilada para sentir y revelar las formas de moléculas biológicas en soluciones acuosas.
El progreso de la biología ha ido de la mano del avance de la técnica microscópica. Desde su aparición, en el siglo xvii, el microscopio ha sido en buena parte responsable de los grandes descubrimientos biológicos. Robert Hooke advertía en 1655, sirviéndose de un microscopio óptico rudimentario, que la corteza de corcho la formaban en realidad muchas "células", es decir, celdas pequeñas e independientes. Pero la verdadera observación de los últimos componentes de los tejidos, de las células, no llegaría hasta el primer tercio del siglo xix, de la mano, también, de dos microscopistas: Matthias Schleiden y Theodore Schwann. En el último tercio de esa centuria, Santiago Ramón y Cajal enunciaba la teoría de la neurona, apoyándose en las observaciones con su microscopio óptico.
En 1876, Heinrich Abbé desarro­lló la teoría de difracción de imá­genes. Demostró que el microscopio óptico no puede resolver objetos menores que la mitad de la longitud de onda de la luz utilizada para ilu­mi­nar la muestra. Usando luz de color verde, cuya longitud de onda es aproximadamente de 0,5 micrometros, el microscopio óptico sólo puede resolver objetos próximos si entre ellos media al menos una distancia de 0,25 µm

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