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1 de Enero de 2005
Climatología

Cambio climático brusco

No sólo en las películas abrasan los campos sequías súbitas y caen de golpe las temperaturas del invierno seis grados. Tan sorprendentes saltos climáticos se han dado antes; a veces, en cuestión de años.

La mayor parte de los expertos en el clima coinciden en que no es de temer una verdadera edad del hielo en los próximos decenios. Pero en el pasado se han dado muchas veces bruscas variaciones climáticas de gran intensidad, y podría haberlas de nuevo. Más aún: lo más probable es que sean inevitables. E inevitables serían los problemas que así se le plantearían a la Humanidad. Inesperados momentos de tiempo más templado harían que ciertas regiones fuesen más hospitalarias, pero otras quizá se volverían más tórridas de lo que ya son. Bruscas olas de frío traerían inviernos insoportables; el hielo atascaría importantes rutas de navegación. Las sequías prolongadas convertirían en eriales lo que habían sido fértiles tierras de cultivo. Y como los cambios climáticos que tienen lugar bruscamente persisten con frecuencia durante centurias o incluso milenios, tanto más duras resultarían esas consecuencias. El hundimiento de algunas sociedades antiguas, antes atribuido a fuerzas sociales, económicas y políticas, se achaca ahora en mayor parte a rápidas variaciones del clima.

El espectro del cambio climático brusco ha suscitado investigaciones científicas serias durante más de un decenio, pero sólo recientemente ha captado el interés de economistas y responsables políticos. Junto a esa mayor atención, se experimenta una confusión creciente sobre qué desencadena tales cambios y cuál será el resultado final. Los observadores superficiales podrían suponer que las variaciones rápidas empequeñecerían cualesquiera efectos del calentamiento global inducido por la actividad humana, que sobreviene sólo gradualmente. Pero nuevos indicios apuntan a que el calentamiento global debería preocupar más que nunca: podría abocarnos más deprisa a una variación súbita del clima.

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