Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

1 de Abril de 2014
Medicina

Una forma indirecta de domar el cáncer

Al oprimir los vasos sanguíneos, los tumores impiden que los agentes antitumorales lleguen a las células neoplásicas. La apertura de estos conductos permitiría restaurar el poder de los fármacos.

BRIAN STAUFFER

En síntesis

En un tumor, las células y un material llamado matriz oprimen los vasos sanguíneos, con lo que se impide la llegada de los antineoplásicos a muchas partes de la masa tumoral. La matriz también retarda la dispersión de estos fármacos en el tumor.

Además, la compresión de los vasos sanguíneos priva de oxígeno a los tumores, un efecto que puede aumentar la agresividad de las células cancerosas.

En ratones, la reducción de la matriz con un fármaco empleado contra la hipertensión mejora la perfusión de los medicamentos anticancerosos en el tumor y aumenta la supervivencia.

Esta droga se está ensayando en humanos; también se está buscando otra que reduzca la matriz con mayor eficacia sin disminuir demasiado la tensión arterial.

Durante casi cuarenta años, mi trabajo se ha centrado en luchar contra el cáncer desde un ángulo inusual. Con una formación inicial de ingeniero, veo los tumores, en parte, como un desafío de la física. Me pregunto de qué manera las características estructurales de un tumor promueven su crecimiento e impiden que los fármacos ejerzan su efecto.

Hace más de dos décadas, mi grupo en la Universidad Carnegie Mellon reveló que las anomalías estructurales en los vasos sanguíneos del tumor dificultaban la distribución de los agentes antitumorales a las células neoplásicas. Los vasos tienden a presentar una elevada sinuosidad y porosidad; esta última hace que el líquido y los medicamentos se escapen de la sangre que irriga la masa. El líquido ejerce, por tanto, una presión hacia el exterior que lo arrastra a él y a las moléculas del fármaco desde el tumor hacia el tejido circundante. Más tarde, demostramos que al reducir la permeabilidad de los conductos se mitigaba la denominada presión del líquido intersticial y se facilitaba la difusión de la droga en el tumor, con lo que mejoraba la respuesta a diversos tratamientos contra el cáncer.

En fecha más reciente, nuestra investigación ha revelado que la presión del líquido no es la única fuerza física problemática que opera. Los tumores están formados por un amasijo de células neoplásicas y no neoplásicas, así como de vasos sanguíneos y linfáticos, todo integrado en un material fibroso conocido como matriz extracelular. Los sólidos (la matriz y las células) pueden aplastar los vasos linfáticos y sanguíneos. Esta compresión, conocida por los físicos y los ingenieros como tensión sólida, reduce o interrumpe el flujo de sangre hacia numerosas partes del tumor. Ello dificulta la administración de los fármacos y establece unas condiciones que fomentan la progresión del cáncer. Mientras tanto, la matriz (anormalmente rígida en los tumores y más abundante en unos tipos de cáncer que en otros) obstaculiza de forma directa la diseminación de los fármacos antineoplásicos a través de la masa.

Artículos relacionados

Puedes obtener el artículo en...

¿Tienes acceso?

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.