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Historia de la ciencia

Vida privada

El matrimonio en 1839, los hijos, la enfermedad, los problemas personales y las reflexiones teóricas agravan el conflicto interior que sufre Darwin sobre la religión. Se volverá agnóstico.

Darwin no siguió las recomendaciones de continencia de Malthus. Muy al contrario, hizo caso al consejo de su padre de casarse rápidamente si quería tener hijos, ya que se acercaba a los treinta años. En noviembre de 1838, Darwin pide en matrimonio a su prima Emma Wedgwood. Venía pensando en ello desde hacía algún tiempo, a la vez que le inquietaba su propia salud. Esos síntomas, que ya hemos mencionado y que lo acompañaron a lo largo de su vida, se manifestaban con frecuencia creciente. Su ritmo de trabajo es desenfrenado: lee continuamente, escribe memorias y anotaciones, su espíritu está en ebullición. Las ideas que va desarrollando se le van convirtiendo paulatinamente en motivo de angustia. Encontrar una persona que se ocupe de él en el futuro parecía una idea razonable. Llegó a esa resolución tras un examen minucioso de la cuestión. Por increíble que parezca, nos dejó unas notas que dan fe de ello. Examinó las ventajas y los inconvenientes del matrimonio, con una falta total de romanticismo. En el dorso de la misma hoja concluye:

"Habiéndose demostrado la necesidad del matrimonio — ¿Cuándo? Más tarde o más temprano. El Gobernador dice que más temprano, ya que de lo contrario, mal asunto si se tienen hijos [...] Pero si me casara mañana: habría una infinidad de problemas y de gastos para adquirir y amueblar una casa; luchar para evitar la Sociedad — visitas matinales — situaciones incómodas — pérdida de tiempo cada día. (A menos que la esposa sea un ángel y logre que uno no deje de ser laborioso.) ¿Cómo podría ahora ocuparme de mis asuntos si estuviera obligado a salir todos los días a pasear con mi mujer? ¡Ay! No podría aprender francés, ni conocer el Continente, ni América, no podría subir en globo, no podría viajar solo a Gales — pobre esclavo — estarías peor que un negro — y además la horrenda pobreza (a menos que la esposa sea mejor que un ángel y tenga dinero). — Animo — No se puede vivir esta vida solitaria, con una vejez renqueante, sin amistad, ni calor, ni hijos, ni quien te mire a la cara, ya con arrugas. — No importa, confíate a la suerte — mantente bien atento — Hay muchos esclavos felices."

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