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Tardos en hablar

Son niños sanos y se desarrollan con absoluta normalidad. ¿Por qué, no obstante, tienen dificultades para aprender su lengua materna? Nuevas terapias ofrecen esperanzas a los padres.

Al principio, el desarrollo seguía su curso inalterado. Cumplidos los doce meses, Daniel pronunció sus primeras palabras. Pero luego se estancó. A los dos años y ocho meses apenas pronunciaba sonidos con sentido más allá de "mamá", "ahí", "no" y "hola". A esa edad los niños suelen dominar ya varios cientos de expresiones y acompañar determinados sustantivos ("caballo", "auto") con algunos verbos. Mientras que los compañeros de Daniel combinan con soltura palabras e incluso forman frases, de los labios de nuestro niño sólo salen palabras sueltas; se limita a decir "ua" cuando sus compañeros pronunciarían: "¿Vamos a jugar con el caballo?".

A los niños de su edad aprender la lengua materna no les supone un esfuerzo especial. Para Daniel, en cambio, parece que representa un grave problema. Sus padres no entienden la causa de su cortedad. Es un niño abierto y sociable, cuyo desarrollo intelectual procede sin obstáculos, está sano, goza de una audición perfecta y no presenta defecto alguno en el aparato de la fonación. Pero no se expresa como los demás. Sus padres están preocupados y se preguntan si tiene de veras un desarrollo normal.

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