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Exitos y limitaciones de un corazón artificial

Transcurrido un año desde que los médicos comenzaron a implantar el AbioCor en pacientes moribundos, las perspectivas de este corazón artificial son inciertas.

Durante mucho tiempo, la sustitución permanente de un corazón humano, en situación funcional de fracaso total, por un dispositivo mecánico implantado en el cuerpo del paciente ha constituido uno de los objetivos que se han mostrado más esquivos para la medicina. El pasado año esta aventura entró en una nueva y crucial fase, cuando en hospitales estadounidenses se iniciaron los ensayos clínicos preliminares con una máquina construida con plástico y titanio. Del tamaño de un pomelo, AbioCor, así se llama el ingenio, ha sido desarrollado por Abiomed, una compañía con sede en Danvers, Massachusetts.

El AbioCor es el primer corazón artificial que puede incluirse íntegro dentro del cuerpo de un paciente. Los primeros corazones artificiales, como el Jarvik-7, que consiguió notoriedad mundial en los años ochenta, mantenían al individuo ligado a un compresor de aire externo. Con el AbioCor, sin embargo, no se necesitan tubos ni cables que atraviesen la piel del paciente. En julio de 2001, Robert L. Tools, de 56 años, cuyo corazón había llegado a un punto tal de debilidad, que ya no podía bombear la sangre, fue el primer receptor de este corazón artificial.

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