Los insectos de la superficie del agua

La fuerza de atracción entre las moléculas de agua forma una película elástica en la superficie de una zona de agua tranquila. En este ambiente, de cualquier región del mundo, habitan los mismos cuatro tipos de insectos.

La superficie de un estanque, un remanso de un río o incluso un charco constituye un medio ambiente muy especial. Dondequiera que se encuentren aire y agua en calma, se observa una película superficial que separa el mundo seco de arriba del mundo húmedo de abajo. Aunque muchas especies de insectos permanecen durante parte al menos de su vida en el agua, sólo unas pocas frecuentan el dominio de la superficie, en busca de alimento y solidaridad a lo largo de la frágil interfase. Estos insectos se hallan adaptados de un modo extraordinario a la explotación de la superficie del agua.

Las propiedades específicas de esta delicada película superficial derivan de las fuerzas de atracción entre las distintas moléculas de agua. En una masa de agua, las moléculas del interior sufren una atracción igual desde todas las direcciones. No ocurre así con las moléculas de la superficie, en donde la fuerza de atracción que se ejerce es desigual: son atraídas hacia el centro de la masa de agua. Como resultado final sucede que la superficie actúa como si se tratase de una membrana elástica tensa, que soporta objetos de densidad superior a la del agua y que permite a determinados insectos permanecer y moverse sobre la misma.

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