Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarle el uso de la web mediante el análisis de sus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúa navegando, consideramos que acepta nuestra Política de cookies .

Actualidad científica

Síguenos
  • Google+
  • RSS
  • Temas IyC
  • Abril/Junio 2017Nº 88

Exploración espacial

Rumbo a Marte

Una estrategia similar a la empleada en las misiones robóticas permitiría enviar vuelos tripulados a los asteroides y a Marte.

Menear

En octubre de 2009, un grupo de entusiastas de la exploración espacial nos reunimos para estudiar a conciencia las posibilidades de enviar tripulantes humanos al espacio. El detonante de ese encuentro fue la comisión Augustine, un equipo de expertos convocados por el presidente Barack Obama para analizar la viabilidad de la lanzadera espacial y del proyecto que habría de sucederla. El panel había concluido que los planes de la NASA para llevar a cabo misiones tripuladas parecían seguir «una trayectoria insostenible». Tras haber trabajado en un fascinante programa de exploración robótica que ha ampliado los límites de la humanidad desde Mercurio hasta los confines del sistema solar, nos preguntábamos si podíamos hallar soluciones técnicas para algunas de las dificultades políticas y presupuestarias de la NASA.

Surgieron numerosas ideas: emplear propulsores iónicos para transportar los componentes de una base lunar; transferir energía a los vehículos robóticos situados en Fobos, la luna marciana; montar propulsores de efecto Hall de alta potencia en la Estación Espacial Internacional (ISS) y ponerla en una órbita que basculase entre la Tierra y Marte; situar con antelación motores químicos a lo largo de la trayectoria interplanetaria para que los astronautas pudieran emplearlos a su paso; utilizar cápsulas de exploración del estilo de las que aparecían en 2001: Odisea en el espacio, en lugar de trajes espaciales; o, en vez de enviar humanos a un asteroide, traer uno de tamaño reducido a la estación espacial. Tras los cálculos, hallamos que un proyecto basado en la propulsión eléctrica (ya fuese por medio de motores iónicos o alguna técnica similar) reduciría en gran medida la masa de lanzamiento necesaria para enviar misiones tripuladas hacia Marte o un asteroide.

Puede conseguir el artículo en:

Artículos relacionados