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1 de Noviembre de 2006
Energía

¿Qué hacer con el carbón?

Se prevé que el carbón, abundante y barato, alimentará en el futuro las centrales eléctricas. ¿Podremos evitar que destruya el medio?

ROLAND WEIHRAUCH dpa/Corbis (fotografía); fotoilustracion: scientific american

En mayor medida de lo que se cree, hacerle frente al cambio climático entraña habérselas con el problema de las emisiones de gases de las centrales eléctricas de carbón. A menos que la humanidad adopte sin tardanza medidas para limitar la cantidad de dióxido de carbono (CO2) que se libera a la atmósfera en la combustión del carbón empleado para generar electricidad, pocas serán las probabilidades de lograr algún control sobre el calentamiento global.

El carbón —que alimentó la Revolución Industrial— constituye una fuente de energía que causa especial preocupación. Ello se debe, en parte, a que su combustión produce una cantidad notablemente mayor de dióxido de carbono por unidad de electricidad generada que la del fuelóleo o del gas natural. Además, el carbón es barato y seguirá siendo abundante mucho después de que el petróleo y el gas natural empiecen a escasear. Por su abundancia y bajo precio, su consumo se está generalizando en los EE.UU. y en otros países; es de esperar que esta tendencia ascendente continúe en las regiones ricas en recursos carboníferos. De hecho, sólo en los EE.UU., se espera que las compañías generadoras construyan el equivalente de casi 280.500 megawatt (MW) en centrales eléctricas de carbón entre 2003 y 2030. Entretanto, China está construyendo ya cada semana el equivalente a una gran central térmica de carbón. A lo largo de su vida útil, estimada en unos 60 años, las nuevas plantas generadoras que operen en 2030 podrían arrojar conjuntamente tanto dióxido de carbono a la atmósfera como ha sido liberado por todo el carbón quemado desde los albores de la Revolución Industrial.

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