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1 de Agosto de 2013
Biología

Epigenética, temperatura y sexo

Las condiciones térmicas que experimentan algunos animales durante el desarrollo temprano determinan su sexo. El «recuerdo» de la temperatura se transmite por mecanismos epigenéticos.

WIKIMEDIA COMMONS/MASSIMO LAZZARI/CC BY SA 3.0

En biología es bien conocido que el ambiente modula la expresión del genotipo para dar lugar al fenotipo. Sin embargo, el modo en que el entorno determina un fenotipo tan crucial como el sexual ha sido desde siempre motivo de especulaciones, como la del filósofo Empédocles (483-424 a.C.), quien propuso que el sexo de los recién nacidos venía definido por la temperatura del útero materno. En un estudio publicado en 2011 en PLoS Genetics, nuestro grupo ha esclarecido el mecanismo mediante el cual la temperatura influye en la determinación del sexo de un animal.

La definición de este rasgo en los mamíferos se basa en la genética cromosómica. Esto es, el sexo de un individuo depende de sus cromosomas sexuales, que se designan por XX en las hembras y XY en los machos. El desarrollo del feto tiene lugar en el interior de la madre, donde se halla protegido de los cambios ambientales que se producen en el medio externo.

Sin embargo, en otros vertebrados, como los reptiles y los peces, la determinación del sexo puede ser genética o ambiental. En los peces, la genética resulta la más habitual y presenta distintas modalidades: la cromosómica, similar a la de los mamíferos, y la poligénica, en cuyo caso el sexo viene definido por la combinación de factores masculinos y femeninos dispersos en los autosomas (los cromosomas no sexuales).

Por otro lado, en la determinación ambiental, los valores de un factor externo durante el desarrollo temprano definen el sexo de los individuos. El factor más conocido corresponde a la temperatura, que controla el fenotipo sexual de algunos peces y numerosos reptiles, entre ellos ciertos lagartos, muchas tortugas terrestres, las tortugas acuáticas y los cocodrilos.

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