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1 de Mayo de 2012
Neurociencia

La singularidad de cada cerebro

¿Cómo es posible que gemelos idénticos desarrollen personalidades distintas? En el interior de las neuronas, algunos genes se desplazan de un sitio a otro y alteran la función de estas.

JEAN-FRANCOIS PODEVIN

En síntesis

Los genes que heredamos y los factores ambientales influyen en el comportamiento humano. En tiempo reciente, se ha descubierto que también intervienen otros procesos.

Los transposones, segmentos de ADN que se copian a sí mismos y se insertan en nuevos lugares del genoma, pueden alterar la función de genes enteros. En ocasiones activan genes adyacentes a esas posiciones. Este fenómeno, que se produce con mayor frecuencia en el cerebro que en otras partes del cuerpo, da lugar a rasgos y comportamientos distintos, incluso entre individuos estrechamente emparentados.

Los elementos transponibles pueden determinar también la predisposición de las personas a los trastornos psiquiátricos.

En la actualidad se está empezando a investigar si los transposones nos ayudan a adaptarnos a condiciones ambientales que cambian con rapidez.

Cada cerebro es único e irrepetible. Las diferencias entre una persona y otra se producen en los distintos niveles de la arquitectura del órgano, increíblemente compleja. El cerebro humano contiene 100.000 millones de neuronas, de miles de tipos diversos, que en conjunto establecen más de 100 billones de conexiones entre sí. Estas diferencias dan lugar a variaciones en la forma en que pensamos, aprendemos y nos comportamos, así como en nuestra propensión a padecer enfermedades mentales.

¿Cómo surge la diversidad en las conexiones y funciones del cerebro? La variabilidad genética que heredamos de nuestros padres desempeña un papel importante. Sin embargo, incluso los gemelos idénticos criados por los mismos padres pueden diferir notablemente en su funcionamiento mental, forma de comportarse y riesgo de padecer una enfermedad mental o neurodegenerativa. De hecho, los ratones criados para ser genéticamente idénticos y que han sido tratados del mismo modo en el laboratorio muestran diferencias en su capacidad de aprendizaje, en la forma de superar temores y en las respuestas ante el estrés, incluso aunque tengan la misma edad, pertenezcan al mismo sexo y hayan recibido los mismos cuidados. Sin duda, algún otro proceso debe estar interviniendo.

Ciertamente, las experiencias que adquirimos en la vida también importan; pueden, por ejemplo, afectar la fortaleza de las conexiones entre determinados conjuntos de neuronas. Pero cada vez se descubren más indicios de que hay otros factores en juego, como los procesos que mutan genes o que modifican el comportamiento de un gen, tanto durante las fases tempranas del desarrollo del embrión como en etapas posteriores de la vida. Entre esos fenómenos cabe destacar el corte y empalme alternativo, en el que un único gen da lugar a dos o más proteínas diferentes. Las proteínas desempeñan la mayor parte de los quehaceres de la célula. Por tanto, el tipo de proteínas que esta sintetice repercutirá en el funcionamiento del tejido al que pertenezca. Se está investigando también el papel de los cambios epigenéticos, modificaciones del ADN que alteran la actividad génica (al aumentar o disminuir la síntesis de ciertas proteínas) sin que haya variado la información de los genes.

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