Cuando el vidrio fluye

¿Es el vidrio un auténtico sólido? No, pero su elevada viscosidad evita que percibamos fluencia alguna, ni siquiera a lo largo de varios siglos.

La alta viscosidad de la miel no impide que esta fluya, como todos podemos percibir. También el alquitrán fluye a temperatura ambiente. Sin embargo, lo hace de manera casi inapreciable. En un experimento que comenzó en 1927 (derecha), solo ocho gotas de alquitrán traspasaron el cuello de un embudo. [BRUNO VACARO]

Al enfriarse, no todos los materiales pasan inmediatamente del estado líquido al sólido. El alquitrán y el vidrio, por ejemplo, se tornan pastosos y fluyen cada vez más despacio conforme su temperatura disminuye. ¿Qué estado caracteriza a tales materiales a temperatura ambiente? Un experimento que comenzó en 1927 ha demostrado que el alquitrán fluye, si bien con gran lentitud. Y según una idea otra vez en boga, lo mismo ocurriría con el vidrio: fe de ello darían las vidrieras de las catedrales a lo largo de los siglos. Pero ¿es realmente el caso?

En un principio, la distinción entre un sólido y un líquido no plantea ningún problema: el primero conserva siempre su geometría, mientras que el segundo fluye y adopta la forma del recipiente que lo contiene. Por lo general, no nos resultará nada difícil distinguir entre uno y otro. Pero ¿qué ocurre con una gelatina o con un camembert bien cremoso? En un primer momento quizá tendiésemos a clasificarlos dentro de la vaga categoría de las sustancias blandas; esto es, aquellas que solo se deforman por acción de un esfuerzo. Sin embargo, tras una noche a temperatura ambiente, el cubo de gelatina conservará su forma cúbica, mientras que el camembert se habrá convertido en una masa informe. Parecería, pues, que la gelatina es sólida, pero no así el camembert; al menos, en la escala de tiempo de una noche.

Que en un principio no hayamos clasificado el camembert como fluido se debe a que el tiempo que tarda en fluir resulta mucho mayor que el que requieren el agua o la miel. Ese tiempo es, de hecho, proporcional a la viscosidad del fluido (una magnitud que mide su resistencia a fluir) e inversamente proporcional a su densidad.

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