Microsatélites de ADN

Las secuencias repetitivas de ADN desempeñan un papel destacado en la adaptación de las bacterias a los ambientes donde medran. ¿Cumplen una función similar en organismos superiores?

El código genético humano está constituido por unos 3000 millones de bases de ADN. Sólo de un 10 a un 15 por ciento de esas bases forman parte de los genes, los planos maestros que la célula utiliza para construir sus proteínas. A otras secuencias de pares de bases les competen —en el hombre y otros muchos organismos— funciones muy importantes; por ejemplo, promover la activación o inactivación de los genes y mantener unidos los cromosomas. Queda una buena parte del ADN sin manifiesta misión obvia. Algunos la llaman ''chatarra''.

En ese ''ADN chatarra'' hay secuencias de características singulares, agrupadas bajo la denominación común de ADN satélite. Lo forman, en efecto, secuencias repetitivas de las cuatro bases del ADN -adenina (A), citosina (C), guanina (G) y timina (T)-, en diversa combinación y repetidas en una suerte de tartamudeo. Los microsatélites, que contienen las repeticiones más cortas, encierran un interés muy superior al que cabría deducir de su tamaño; realizan funciones múltiples y sorprendentes.

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