Huellas de un pasado lejano

Gracias al ADN, vamos conociendo mejor el camino que siguió el hombre hasta alcanzar la punta de Sudamérica. Un viaje desde su Africa natal que duró decenas de miles de años.

SEAN MCCABE/PHOTO RESEARCHERS

Una empresa controlada por un hermanastro de Osama Bin Laden anunció el año pasado su deseo de construir uno de los puentes más largos del mundo sobre el estrecho de Bab el Mandeb, la salida del mar Rojo al océano Indico. Si este ambicioso proyecto se llevase a cabo, las oleadas de peregrinos africanos que atravesarían el puente de camino a La Meca repetirían, a unas decenas de metros de altura, la travesía más memorable de la historia de la humanidad. Hace cincuenta o sesenta mil años, un grupo reducido de africanos, unos cientos, quizás unos miles, cruzaron el estrecho en barca. Nunca regresaron.

Se desconoce por qué abandonaron Africa oriental, su tierra de origen. Quizás el clima cambió; tal vez, desapareció su principal fuente de alimento, el marisco. De algo cabe poca duda: esos pioneros llevaron consigo al salir de Africa los rasgos físicos y el comportamiento, el cerebro grande y la capacidad del lenguaje de los humanos modernos. Desde su primer asentamiento asiático, en Yemen, emprendieron un viaje de decenas de miles de años de duración. Cruzarían continentes, y puentes entre continentes, hasta llegar a Tierra del Fuego, en la punta de América del Sur.

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