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1 de Febrero de 2006
magnetismo

Levitación magnética

Imanes que flotan.

Levitador magnético construido con dos imanes de neodimio y frenos magnéticos de cobre. [Marc Boada Ferrer]

Cuenta Plinio el Viejo en su Historia Natural que Dinócrates, arquitecto de Alejandría, trazó para la reina Arsinoes un plano para la construcción de la bóveda de un templo en piedra imán, de suerte que una escultura labrada en hierro pareciese pender en el aire. San Agustín lo dio por cierto. Mediante el cálculo de la fuerza de los imanes, explica, los sacerdotes del templo consiguieron que la estatua de hierro se mantuviera en perfecto equilibrio, haciendo creer a los fieles que se trataba de un milagro perpetuo. Si bien la levitación magnética exige algo más que unos bloques de magnetita, el ejemplo muestra que los imanes vienen cautivando a las mentes inquietas desde la antigüedad.

La magnetita (Fe3O4) constituye un mineral de color negro, cristalino o masivo, que, de forma natural, atrae al hierro. Hasta el advenimiento de la electricidad, fue el único imán permanente con el que se podía experimentar. Sus propiedades permanecieron envueltas en el misterio durante siglos.

Hoy se acepta que un imán permanente corresponde a un cuerpo en donde los momentos magnéticos de los electrones están orientados en paralelo, es decir, los espines electrónicos tienen el mismo sentido. Ello determina la aparición, en el cuerpo imanado, de dos polos, norte y sur, a partir de los cuales se extiende un campo magnético.

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