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1 de Agosto de 1983
Vulcanología

Calderas volcánicas gigantes

Estos cráteres, de decenas de kilómetros de diámetro, los abrieron erupciones mucho más violentas que cualquiera de las registradas en la historia humana. En el último millón de años se formaron unos diez.

La erupción, el 18 de mayo de 1980, del monte Santa Elena, situado en el sur del estado norteamericano de Washington, arrojó 0,6 kilómetros cúbicos de magma y dejó un cráter de dos kilómetros de diámetro. Un acontecimiento espectacular, sin duda. ¿Cómo calificaríamos otra erupción que ocurrió, 950 ki­lómetros al este del monte Santa Elena, hace unos 600.000 años? Este fue el cuadro: vomitó 1000 kilómetros cúbicos de piedra pómez y ceniza y dejó una caldera alargada de 70 kilómetros en su dimensión máxima. (Las calderas son grandes cráteres volcánicos.) Los efectos encubridores de la vegetación y la glaciación hacen que resulte muy difícil identificar hoy las señales de dicha erupción; el vestigio más obvio es el géiser Old Faithful, del Parque Nacional de Yellowstone. Yellowstone es, sin duda, un producto de procesos volcánicos que funcionan a la escala máxima: una caldera resurgente, es decir, una caldera cuyo fondo se ha abovedado lentamente durante los milenios transcurridos desde la erupción. Las calderas en trance de renacer son, con mucho, las mayores del planeta. Por consiguiente, erupciones volcánicas como la que formó la caldera de Yellowstone deben contarse entre las mayores catástrofes de la naturaleza, comparables tal vez con el impacto de un asteroide.

Por suerte son raras. En los escasos milenios de historia escrita no se ha producido ninguna y, en los Es­tados Unidos, sólo se conocen tres ocurridas durante el último millón de años. Además de la de Yellowstone, una erupción de hace 700.000 años formó la caldera de Long Valley, en California, y otra abrió la caldera de Valles, Nuevo México, hace un millón de años. Tal vez se llegue a demostrar que ocurrieron erupciones de edad parecida en otras partes del mundo. Con todo, probablemente se constate que durante el último millón de años no se han producido más de diez en todo el mundo. Por otra parte, una cartografía detallada de las montañas de San Juan, Colorado, a cargo de Tho­mas A. Steven y Peter W. Lipman, del Servicio Geológico de los Estados Unidos, reveló la existencia de por lo menos 18 calderas de 20 a 30 millones de años de antigüedad; se han identificado muchas otras de edad comparable en el sur de Nuevo Mé­xi­co, Arizona y Nevada. En los últimos decenios, los vulcanólogos han avanzado a buen ritmo en la comprensión de los orígenes de calderas gigantes que renacen y de las catastróficas erupciones que las forman.

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