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1 de Enero de 1984
Vulcanología

La erupción de Krakatoa

Comienzan a explicarse las explosiones que hace 100 años arrasaron la mayor parte de esa isla de Indonesia. Los depósitos volcánicos y la cronometría de las ondas atmosféricas y marinas aportan los principales elementos de juicio.

En la mañana del 27 de agosto de 1883, una serie de explosiones volcánicas a rachas culminó con la sacudida paroxística que acompañó a la destrucción de la mayor parte de Krakatoa, una pequeña isla del estrecho de la Sonda. Los tsunamis (maremotos) desencadenados por la erupción mataron a más de 30.000 personas en las vecinas islas indonesias de Java y Sumatra. El acontecimiento atrajo la atención mundial y las subsiguientes investigaciones científicas reavivaron, con importantes aportaciones, el abandonado campo de la vulcanología. Sin embargo, hasta ahora no habían podido explicarse algunos de los principales acontecimientos de la secuencia eruptiva en función de los procesos volcánicos subyacentes. Abordamos aquí las tres cuestiones más debatidas del origen de la erupción: ¿Qué la provocó? ¿Por qué hubo tantas explosiones violentas? ¿Cuál fue la relación entre los devastadores tsunamis y las grandes explosiones?

Cuando Krakatoa entró en erupción, las explosiones se escucharon desde Australia central, Manila, Sri Lanka y hasta en la isla Rodrigues, a más de 5000 kilómetros de distancia, en el océano Indico. En todo el mundo se detectaron ondas atmosféricas de baja frecuencia (demasiado baja para ser audible); en Tokio, a 5863 kilómetros de distancia, los barómetros registraron un aumento de presión de 1,45 milibares. Las olas generadas por la erupción atravesaron el Pacífico y cruzaron el Atlántico: se detectaron con mareógrafos en el golfo de Vizcaya, a 17.000 kilómetros de distancia. El polvo y los gases inyectados en la atmósfera por la erupción provocaron, en los meses subsiguientes, espectaculares puestas de sol en todo el mundo. Las temperaturas medias registradas en el hemisferio norte durante el mismo período fueron entre 0,5 y 0,8 grados Celsius inferiores a lo normal.

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